Literatura Universal

IES "El Tablero"

El diluvio en el Mahabharata

“¡Oh,  afortunado! -díjole- Soy un débil pececillo que tengo miedo a los peces grandes: sálvame, pues tú acoges los votos de los mortales. Porque los peces grandes se comen siempre a los pequeños; tal es nuestra eterna condición; sálvame, pues, de los grandes monstruos que inspiran espanto y te quedaré obligado siempre” Manu, dice el poema, “lo colocó en un vaso que brillaba como un rayo de luna”. El pez creció y le suplicó lo arrojara en un lugar más amplio; Manú lo llevó a un lago. Pero creció tanto en el lago, que el paciente rey asceta lo condujo al río Ganges (en sánscrito Ganga; es nombre femenino que designa a una diosa, la de la Vía Láctea, que desciende sobre la tierra). El pez creció tanto que el rey tuvo que llevarlo al Samudra (océano). Habiendo así Brahma probado la compasión de Manú, tuvo a su vez compasión de él. Y le dijo: “Pronto, ¡oh bienaventurado! todas las cosas estables y movibles que pertenecen a la naturaleza terrestre experimentarán una sumersión general, una disolución completa ¡oh afortunadísimo!” “Debes fabricar una nave fuerte, sólida, bien unida con ligaduras; en ella te embarcarás con siete rischis (sabios) ¡oh, gran santo! Y llevarás también a la nave todas las semillas designadas ya por los hombres que han nacido dos veces” (así llamaban a los bracmanes: decían que cuando recibían el cordón bracmínico nacían por segunda vez). “Agitada por furiosos vientos -dice luego el relato- la nave vacilaba sobre las cabrillas amontonadas, bamboleándose como una mujer ebria. Ni la tierra ni las regiones del cielo, ni el espacio que existe entre ambas cosas eran ya visibles; todo se había vuelto agua. El pez arrastró a la nave hasta el Himalaya.

Actividades.

1.- Resumen del texto.

2.- Relación con otras versiones que conozcas

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septiembre 25, 2009 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario